viernes, 22 de enero de 2010

LAS CATARATAS VICTORIA









Las Cataratas Victoria están situadas en sur de Zambia (o en el norte de Zimbabue) en el cauce de uno de los grandes ríos de África; el Zambeze. Livingston (el de “El doctor Livingston, supongo”) fue el primer europeo en verlas. Fue por casualidad venía de expedición por la selva y vio la columna de niebla que levantan las cataratas por la cantidad de agua que salpican y decidió acercarse. Al acercarse empezó a oir el rugido de las cataratas hasta que las vio. La verdad es que nos hace gracia imaginar la cara que se le debió quedar cuando de repente vio tal monstruosidad. El nombre en zambio de las cataratas es Mosi-o-Tunya y significa “la niebla que truena” pero cómo no, en honor a la reina les llamó Victoria.
Pero lo más sorprendente es que Zambia es una gran meseta, ¿cómo entonces hay de repente una caída de más de 100m?. Pues la respuesta es totalmente geológica. Tras una erupción volcánica hace millones de años se formaron una serie de grietas en la roca de esa gran meseta. Las grietas se rellenaron con el tiempo de arena y grava (materiales mucho más degradables que la roca que las rodea). Luego, sobre todo lo que había (tanto grietas como roca) se asentó una capa arcillosa superficial subiendo el nivel del suelo. Por ello en aquel momento no había cataratas sino un río. Ese rió fue degradando los sedimentos que cubrían la roca y luego las grietas de arena y grava. Empezaron a formarse cataratas que cada vez eran más profundas hasta que actualmente hay una sola catarata (la más próxima al nacimiento del río) y una vez el agua llega hasta abajo de la grieta continúa fluyendo el río por el resto de grietas a forma de garganta serpenteante pero 100m más abajo.
Es fácil ver que los dos lados de la garganta están al mismo nivel, en el centro una grieta de 100m que no la saltaría ni 007 y luego una nube de lluvia finita de agua que sube desde el fondo y te empapa entero. Era gracioso ver a la gente que estaba en el lado de Zimbabue viendo las cataratas al mismo nivel que tú pero separados por esa inmensa grieta. Además el entorno también acompaña. No hay restaurantes, ni hoteles, ni tiendas… sólo agua que se desparrama en un entorno precioso.
Hay un puente que une Zambia con Zimbabue y que pasa por una parte de las cataratas. La gente hace puenting y debe ser una sensación alucinante, pero no es para mí, me da yu-yu e Ignacio ya lo había hecho, así que nos decantamos por hacer rafting. Los 7 primeros rápidos estaban cerrados porque había subido el nivel del agua hacía un par de días y eran demasiado peligrosos. Y es que por lo visto la dificultad del rafting se mide de 1-5 y los rápidos que bajamos eran casi todos de dificultad 4. Esto en la práctica significa que tienes una probabilidad de un 50% de media de que se vuelque la balsa cuando pasas el rápido. Bajamos desde el rápido 7 hasta el 25 (quitando el nº 9 que era demasiado peligroso y lo salvamos andando “ilegalmente” por la orilla de Zimbabue). Todos los rápidos tenían nombres en plan “La hija de la gran puta, Las 3 hermanas feas, El glotón, El suicidio…”. Algunas veces no entendía los nombres en inglés y le pedía a Ignacio que me los tradujese hasta que al final pensé que era mejor no saberlos. Vimos un cocodrilo pequeño y yo creía que el monitor estaba de broma… pero no, allí estaba. Se supone que no les gustan las zonas del río con agua rápida pero por lo visto algunos accidentalmente terminan allí y tienen que esperar a que baje el nivel del agua para volver a aguas más tranquilas. En ese momento quisimos pensar que no les gusta la carne humana o que sería mucha casualidad que nos comiese a nosotros…
Se nos volcó la barca unas cuantas veces, de las cuales 2 de ellas yo me quede debajo de la balsa. No hay por qué asustarse pues tienes aire para respirar, pero te entra un agobio… vamos que me acuerdo de la primera de la que salí de abajo como pude, la balsa del revés y todos los remos por ahí perdidos en el río. El monitor que iba con nosotros estaba subido en lo alto de la barca que estaba volcada y empezó a preguntar que si estábamos todos bien. Y yo, que no veía a Ignacio porque se había quedado al otro lado, lo único que le decía es Where is Ignacio?!, where is Ignacio?! Hasta que ya me dijo, “¡que ya os he contado a todos y no falta nadie, lo que quiero saber es si estáis bien!”. La segunda vez que me quede debajo de la balsa abrí los ojos y estaba con Ignacio debajo. Teníamos aire e Ignacio me decía, tranquila no te sueltes de la balsa y no te preocupes que no pasa nada. Pero a mí me daba una claustrofobia que no veas así que me salí corriendo como pude… y le vino bien a otro de los del grupo porque en ese momento llegaba buceando y aprovechó el espacio que yo le dejaba y al sacar la cabeza y me dijo Ignacio que se llevó todo el aire que quedaba y se tuvieron que ir de allí.

4 comentarios:

Luis Alejandro dijo...

Hola culebras, muy chulas las cataratas. Aquí no las hay pero hoy esta lloviendo tanto que un poquito más y podemos hacer el mismo rafting que vosotros.

MARCOS A. dijo...

Que buenooo vaya experiencia noo!! por lo que veo vais al limite pasadlo bien besos!! muy chulas las fotos de las cataratas.

mariamon dijo...

Pos yo estoy segura que en el boquetillo ese, con ese poco de aire, hubiera pegado un grito !
Vaya güevos que teneis

Rosa dijo...

como las cabras :-)