miércoles, 17 de febrero de 2010

¡¡TEMBO CAMPING, TEMBO CAMPING!!





Tembo es la palabra swahili que significa elefante y precisamente con esas palabras y a voz en grito, nos despertamos el día que dormimos en el borde del cráter del Ngorongoro. La gran putada es que yo me había enterado la noche anterior que “tembo” significaba elefante, de forma que oír esos gritos a las 6:00 de la mañana te hace despertar sobresaltado. Corriendo, me levanto “acojonao” pensando que un elefante le va a pegar un pisotón a nuestra tienda con nosotros dentro, mientras Hispana, más tranquila y saliendo del sueño, empieza a colegir la información recibida a la vez que se le va cambiando la cara. Abro la cremallera y efectivamente veo dos tembos como dos soles que se pasean por el camping comiendo hierba y metiendo la trompa en el depósito de agua del techo de las duchas para bebérsela.

Lo cierto es que los campings aquí no están vallados y esto por lo visto es una situación bastante común, pero quizá a nosotros viniendo de Málaga o de Cádiz nos falta algo de costumbre. El hecho es que una vez despiertos hay que ir al baño y los elefantes andan por allí, menos mal que hay árboles salpicados que te ofrecen algo de protección en el camino hacia el baño. Al rato a uno de ellos le da curiosidad una de las tiendas de campaña, se acerca a ella y se fija en la funda de la tienda. La coge con la trompa y empieza a darse con la funda en el lomo como rascándose y a tirarla por los aires y recogerla, mientras que la gente que andamos por allí y el dueño de la tienda lo flipamos mucho.

Pero esta no ha sido la única experiencia especial con elefantes, el día anterior en el Lago Manyara nos pasó una cosa muy peculiar. Observando desde el coche, con todo el techo abierto, a un macho que estaba en mitad del camino, de pronto propone Hispana “¿por qué no nos acercamos un poco más dejándonos ir cuesta abajo sin arrancar el motor y lo vemos más de cerca?”. El imprudente del conductor le hizo caso (yo también lo hago a veces, con Hispana es así…), de forma que nos acercamos en silencio y le bloqueamos el camino sin querer. En ese momento el elefante a pocos metros de nosotros barritó con gran estruendo y dio tres o cuatro pasos en carrera contra nuestro coche, se paró, ya a un metro y medio de nosotros, agitó las enormes orejas y nos miró fijamente como diciendo “¿todavía tenéis mucho mas porculito que dar?”. Ni que decir tiene que los que estábamos allí, primero nos hicimos caquita y segundo cogimos el mensaje. Nos quedamos un eterno minuto inmóviles en el coche, en perfecto silencio y poniendo cara de buenos, esperando a que el elefante se calmara… Y por fin se calmó y reculó dejando libre el camino. Un elefante salvaje africano puede pesar entre 6 y 7 toneladas y el coche en el que íbamos no llega a las 2 o sea que le hubiera resultado sencillo hacer con nosotros una bola parecida a las que se hacen con el papel de plata de los bocadillos.

2 comentarios:

veronicaruizmartin dijo...

¿es que no teneis una idea buena!

mariamon dijo...

Lo que me alucina es la foto de los japos sentaditos y tan tranquilos al lado del elefante que avanza hacia ellos