sábado, 15 de mayo de 2010

CAMBOYA, LA HISTORIA DE OTRO GENOCIDIO.






La historia reciente de Camboya es de lo más triste. Si en Ruanda nos conmovimos aquí se nos han revuelto las tripas. Al fin y al cabo en Ruanda el genocidio fue el resultado de una rivalidad tribal casi milenaria. Pero en Camboya no es más que la llegada al poder del que probablemente sea uno de los mayores “hijoputas” de la historia: Pol Pot. Nació en una familia acomodada, su padre era un propietario medio de tierras y pudo costear a sus hijos una buena educación. El joven Pol destacó en francés y eso le hizo ganarse una beca para estudiar en la universidad en Francia. Allí paso varios años, se apunto al movimiento comunista clandestino y su mayor fracaso fue que no consiguió el título universitario y se tuvo que volver a Camboya con las manos vacías.

A su vuelta, fue profesor de instituto y continuó activamente en los movimientos comunistas de su país escalando posiciones. A finales de los 60, Camboya estaba recién independizada de Francia (1953) y aunque la economía iba relativamente bien, el país no estaba consolidado. Entonces los americanos extendieron su guerra con Vietnam dentro de los límites de Camboya, ya que muchos líderes comunistas vietnamitas se refugiaban allí e iban ganando adeptos en la población camboyana. Los americanos en su intento de eliminarlos, los empujaron más hacia el centro del país, consiguiendo el efecto contrario al que buscaban, extender el comunismo en vez de frenarlo. Ya entrados los 70 el primer ministro camboyano Sihanouk consiguió poner de acuerdo a la izquierda y a la derecha en una sola cosa: que ninguno lo quería en el poder y su propio ejército se encargó de derrocarlo. Para entonces, Pol Pot había ganado una posición muy sólida en las filas comunistas del Jemer Rojo y éstas habían ganado poder y popularidad entre la población. En 1975 los revolucionarios comunistas tomaron la capital, Phnom Penh.

Ahí empezó la gran pesadilla del país liderada por un maquiavélico Pol Pot. En cuatro años el régimen asesinó (a palos, las balas eran caras) a dos millones de personas, lo que supuso un 30% de la población o unas 1500 muertes al día. 1975 se convirtió en el año “cero” de la nueva era. Se cambió el nombre del país por el de Kampuchea Democrática, se abolió el dinero, se desalojaron las ciudades y el país se convirtió en una cooperativa agraria campesina. La gente con educación fue declarada “impura” y fue ejecutada y a veces previamente torturada si consideraban que tenían información que aportar. Las estirpes eran aniquiladas matando hasta los bebes a golpes contra los árboles porque, como ellos decían, “las malas hierbas había que cortarlas de raíz”. Pero no solo el tener educación era tu sentencia de muerte. Saber idiomas, llevar gafas, tener empastes, cicatrices de operaciones,… cualquier indicio de que tu vida anterior no había sido de campesino, te convertía en “parásito” y enemigo del régimen. La revolución daba cabida a todo tipo de abuso institucional, violaciones masivas a mujeres y a niñas, trabajos forzados llevados hasta el nivel de esclavitud, etc., etc., etc. Se vendía el arroz a China a cambio de armamento mientras la mitad de la población convivía el hambre a diario. En paralelo, se suprimieron las entidades educativas, bibliotecas, hospitales, centros de salud y toda institución de progreso. Pretendieron curar las enfermedades con hierbas y medicina tradicional (Camboya se había convertido en un país sin médicos, pues los habían asesinado a todos).

Se instauró el régimen del miedo, nadie podía confiar en nadie ni siquiera en los propios hijos, que eran aleccionados a romper los lazos familiares y a delatar a los propios padres si por ejemplo ocultaban que hablaban idiomas. Niños y adolescentes eran considerados como más puros pues no habían sido contaminados con la sociedad anterior y eran entrenados en las armas y en las ideas del régimen. Los delatores eran premiados con posiciones relevantes dentro de su círculo de poder, creando y entrenando a pequeños “cabrones”.
A finales de 1978 los vietnamitas invadieron Camboya, empujando al Khemer Rojo hacia el oeste. El gobierno resultante después de la invasión vietnamita fue un gobierno débil y los jemeres rojos mantuvieron una guerrilla en la zona fronteriza con Tailandia, financiada por chinos, tailandeses e indirectamente por americanos que estaban en contra de un gobierno “títere” del vietnamita. Toda la gente que no había sido ejecutada o muerta por malnutrición o enfermedades simples, se dedicó a buscar a sus familiares. En este proceso de reunificación familiar se abandonaron las cosechas y resulto que otros cuantos miles murieron de hambre durante los dos años siguientes, Camboya se convirtió en el país más pobre del mundo y mantuvo esa posición durante varios años (con rentas per cápita de 80 dólares por persona y año).

Una vez más la ONU no estuvo a la altura permitiendo que los espacios de Camboya de la asamblea general los ocupara el Khemer Rojo hasta 1991. Dos décadas después de la sangrienta revolución, el gobierno camboyano y la ONU llegaron a un acuerdo para juzgar a los genocidas. Hoy día siguen los juicios, pero muchos, incluido Pol Pot murieron antes de ser juzgados.

El colmo de la historia es que en el año 2005 el gobierno Camboyano vendió a una empresa japonesa el campo de exterminio de Phnom Penh, para su explotación turística, por una suma que nunca se hizo pública, dejando la sensación a los familiares de los muertos de que su gobierno comerciaba con su pena para obtener un beneficio.

Recomendamos el libro: “Primero Mataron a mi Padre” de Loung Ung. y la película “Los Gritos del Silencio (The killing Fields).

6 comentarios:

MARCOS A. dijo...

me habéis revuelto el estomago a mi también q hijos de putas maloss!

Maria dijo...

oye de que es la foto en la que sale Ina con los brazos abiertos? pone celda del s21 pero no sabemos que es. Dice la abuela que no va a leer ni el libro ni a ver la película porque leyéndolo se le ha encogido el corazón y saltado las lagrimas. A ver cuando podemos poner el skype para hablar un rato que hace mucho que no hablamos. Cada vez escribís mejor, y las entradas cada vez son mas interesantes. Cuando vengáis estaría genial imprimirlo para guardarlo como si fuera una novela.
La verdad que el viaje está siendo precioso pero hay cosas terroríficas.
Nosotras estamos muy bien, un beso enorme para los dos. Os quieren las dos Marías.

Cathan Dursselev dijo...

Pol Pot es el mayor genocida de la historia. Llego a asesinar a la gente por el simple hecho de tener gafas ya que eso quería decir que sabian leer y la cultura es peligrosa.

Por cierto, deciais que ibais a quedaros en Bankong... ¡salir de allí ya que está al borde de la guerra!

veronicaruizmartin dijo...

En cosas así creo que la pena de muerte debería ser legal, pero una muerte muuuuy lenta. No estoy a favor de la pena capital pero ¿como se puede dejar vivir a semejante HP...?

Alex Naranjo. Photographer dijo...

Sin lugar a dudas sois los nuevos creadores Lonely Planet. Lo que teneis que hacer a la vuelta es ordenarlo todo y vender vuestro libro. Cada vez lo haceis mejor y como dijo alguien por arriba es mas y mas interesante.

Un saludo.Me encanta vuestro viaje.

mariamon dijo...

Hola culebras y hola a todos
Escribo precisamente de Camboya donde estoy trabajando. Estuve con los culebras YEAH !!!!!!
Nos lo pasamos güay, ya nos despedimos hace 10 dias.
Vimos cosas preciosas y tambien cosas terribles sobre el genocidio. Sobre todo estuvimos en un sitio que le llaman S21, era un antiguo colegio en Phnom Penh que los Jemeres rojos convirtieron en carcel, en donde se encerraba y se torturaba a la gente. En donde esta metidp Ina es una de esas mini celdas, angustiosisimo. En esa carcel la angustia, el dolor y el horror siguen presente, como si las paredes, estuvieran completamente impregnadas de lo que pasó ahí. Salimos de la S21 horrorizados de que cosas asi hayan podido existir.
Hace tan poco tiempo que pasó, que los verdugos y las victimas son vecinos. Hables con quien hables, todos sufrieron ese regimen, sus padres o sus abuelos, todos tienen una historia dramatica de familia relacionada con esa epoca. Lo mas increible de todo es que la gente aqui (una gran mayoria) son super sonrientes, super dulces y super amables, parece mentira que hayan podido conservar eso despues de lo que han vivido
Besos a los culebrillas y besos a todos de Camboya
Maria