domingo, 14 de marzo de 2010

GORILEO TÉCNICO




En el mundo existen dos tipos de gorilas, los de montaña y los de tierras bajas. Los de tierras bajas habitan en ciertos países del centro y oeste de África y son algo más numerosos que los de montaña. Los de montaña habitan exclusivamente en las selvas húmedas ecuatoriales por encima de los 2000 m de altitud en el centro de África (en el antiguo Zaire, en Uganda y en Ruanda) y son algo más grandes que los de tierras bajas. Hay un gorila de montaña por cada 20 millones de personas y comparten el 97,7% de nuestro ADN y el orden de la secuencia coincide casi en el 100 % de. Su periodo de gestación es de 9 meses y su esperanza de vida de 30 a 50 años. Están en serio peligro de extinción.

Los fuimos a ver en el Parque Nacional de los Volcanes en Ruanda. En todo el país hay 15 familias, de las cuales 7 están habituadas a los humanos. Las familias suelen tener entre 10 y 25 miembros y están en continuo movimiento y muy jerarquizadas. El mandamás es el “espalda plateada” que es el macho dominante (de unos 200 kg) que toma las decisiones de a dónde ir para alimentar y para proteger a la familia y es el único que puede aparearse con las hembras (aunque luego en realidad otros espaldas plateadas secundarios o incluso espaldas negras, machos maduros, aun sin canas) tienen escarceos con las hembras.
Son totalmente herbívoros con la excepción de que de vez en cuando comen algunas hormigas y su rutina diaria consiste en buscar comida dentro de su territorio (cosa muy fácil porque donde viven es abundantísima) comer, sestear y volver a buscar. Cada noche duermen en un sitio diferente y preparan un nido nuevo.

Cuando te internas en su territorio lo primero que notas es la cantidad de agua que tiene el suelo. Cada paso que das el suelo retumba y te da la impresión de estar andando sobre una sandía gigante. Poco después se va cerrando la selva, va proliferando el barro y se hace muy difícil avanzar. Vamos un grupo de 8 visitantes con un guía y un guardabosques (“ranger”) armado porque la zona también la habitan búfalos y elefantes de selva. El guía va pegando machetazos para abrir un poco la maleza y facilitar un poco el camino, pero aun así nos vamos dando resbalonazos, golpes en la cabeza con las ramas y nos pican multitud de ortigas y plantas urticantes ¡incluso a través de los pantalones! Lo primero que atravesamos es un bosque de bambú precioso y lleno de barro para ir ganando altura y acercarnos a los gorilas.

Lo tienen muy bien organizado y lo que hacen es mandar a unos ojeadores (“trackers”) por la mañana para ver por donde andan los gorilas y por radio le dicen al guía a qué zona debe ir. Después de 40 minutos de malandar nos encontramos con los ojeadores y dejamos las mochilas con ellos y nos vamos a encontrarnos con los gorilas, solo con las cámaras de fotos. Andamos nerviosos, en silencio, mirando a todos lados y pegando más resbalones que antes. El día se ha despertado muy lluvioso pero justo en este momento nos está dando “cuartelillo” De pronto el guía emite unos gruñidos extraños que desde luego no es Ruandés. Está pidiendo permiso al espalda plateada para entrar en su territorio. Después de repetir el gruñido como unas 4 ó 5 veces, de pronto desde la maleza se escucha el mismo sonido pero mucho más rotundo e intenso, como si contestara Pavarotti. Se ha establecido una comunicación completa y directa. El permiso de visita nos ha sido concedido y continuamos avanzando. El gorila jefe repite el gruñido de invitación y todos los visitantes, aun sin poder verlo, nos sobrecogemos asombrados por la potencia del gruñido y por la fluidez de la comunicación.

Unos pasos más adelante, de pronto vemos una coronilla negra que asoma por encima del ramaje y empezamos a flipar. Esta a unos 5 metros de nosotros detrás de un arbusto. El guía va reiterando la petición de entrada y sigue siendo contestado. Entre los gorilas y nosotros no hay obstáculos, ni coche, ni barras, ni cristales; hemos entrado en su mundo pidiendo permiso y somos sus invitados. Unos metros más allá vemos a una hembra tumbada a la bartola rascándose un pie. Le falta el abanico… Por la derecha aparecen unos chiquitillos corriendo y cuando nos queremos dar cuenta estamos rodeados. Solo se ecucha en bajito “¡OOOOHHHH!” “¡GUAAAAAAA!” y los disparos de las fotos. Son unos momentos intensísimos. Aparece el espalda plateada, enorme y con autoridad; “partiendo el bacalao”. Nuestro silencio es absoluto. Nos pasa por delante a un metro y medio y se sienta. Al poco aparece una hembra con su bebé a la espalda y se sienta al lado del espalda plateada y ¡EMPIEZAN A APAREARSE!

Estamos una hora preciosa con la familia “Amahoro” que significa “paz en grupo” que por supuesto nos sabe a poco y nos vamos con una sensación de mucha familiaridad con estas criaturas. Quizá lo que más nos ha sorprendido han sido las expresiones de las caras y la semejanza de las manos, de cómo son y cómo las utilizan. De hecho vemos en ellos caras que nos resultan muy familiares, incluso a uno le apodamos Cándido…

África nos sigue cautivando.

2 comentarios:

Natalia dijo...

qué experiencia más bonita...
hispi, ya me contarás con más detalle como fue eso del apareamiento....jajajajaa
besitos, y espero que lo hayais pasado de luji en el cairo!
muak
natalia

Rocío Monedero dijo...

me flipa lo de los gorilas , es algo que siempre he querido hacer. Me encantaría integrarme en esa "paz en grupo". muchisisimos besos .