Bueno pues tras el ataque de una mona hemos tenido otro ataque: el de una escorpiona.
Resulta que estando en nuestra casita (que ha sido durante 3 semanas una tienda de campaña) se nos coló una escorpiona. Dicen las malas lenguas que porque yo (Hispana) metí piedras dentro de la tienda para que ésta no se volara por las dunas del desierto y la escorpiona vino pegada…
El caso es que como a las 4 de la mañana Ignacio empieza a gritar: “¡Ay, ay, ay!, ¡que me pican!, ¡que hay muchos bichos dentro de la tienda!”. Yo asustadísima porque creo que hay una invasión de bichos empiezo a buscar la salida, pero no encuentro la cremallera de la puerta. Y es que Ignacio siempre que nos acostamos dice: “Espikin, creo que estamos cuesta abajo, vamos a poner la cabeza en el otro lado” y luego cuando nos cambiamos: “Espikin, creo que antes estábamos menos en cuesta” y nos volvemos a cambiar. Y con tanto cambio, pues a oscuras ya no sabía dónde estaba la puerta. Por fin consigo salir e Ignacio se pone a decir, “mírame la espalda, a ver lo que me ha picado”. A lo que yo respondo muy asustada: “¡Ignacio, no es el momento, sal de la tienda!”, “¡Cómo que no es el momento, mira a ver qué es lo que me ha picado!”. Y a todo esto todos los del tour que no entendían nada de lo que estábamos hablando (6 alemanes, 1 australiano, 1 canadiense, 1 sueca, 2 ingleses y 2 sudafricanos) pues se despertaron a causa de nuestros gritos.
Conseguimos por fin salir y hacernos con una linterna. Ignacio aún dolorido porque había matado al bicho contra su espalda y éste le había proporcionado 3 lustrosos picotazos, encuentra al causante: una escorpiona como de 5cm de largo… corriendo le preguntamos al guía si es peligrosa y nos dice que no; así que nos quedamos tranquilos.
Pero la cosa no queda ahí, resulta que a los pocos días, estando Ignacio apoyado en un murete por la noche, ve algo moverse muy cerquita de su mano. ¡Otro escorpión! ¡Y este más grande que el anterior!.
En fin, que ya estamos hechos unos expertos en escorpiones. Nos hemos enterado que la gravedad de la picadura depende de lo nocivo que sea el veneno que a su vez depende de si el escorpión es hembra o macho, del tiempo que lleve sin copular, del tamaño del escorpión, etc… Y también Hispana ha aprendido a mirar debajo de las piedras antes de meterlas en la tienda , sobre todo en los días de viento…
lunes, 18 de enero de 2010
IGNACIO Y LOS ESCORPIONES
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jueves, 14 de enero de 2010
LA PÉRDIDA DE LOS BOSQUIMANOS
Los bosquimanos eran unos hombrecitos que habitaban una zona entre Namibia, Sudáfrica, Zambia y Botsuana. Llevaban 30.000 años viviendo allí hasta que empezaron a llegar otros pueblos en sucesivas migraciones. Primero los negros, después los marrones (una gente con cara de negro y piel blanca) y por último los blancos. Eran pequeñitos, como de 50 Kg. de peso y 1,5 m de estatura y de piel amarilla para soportar mejor la radiación solar (como leones y algunos herbívoros). Eran absolutamente nómadas, por lo que no tenían más posesión que un taparrabos y un arco y unas flechas. Ni siquiera tenían utensilios como vasijas pues no cocinaban ni transportaban agua.
Cuando empezaron a llegar las primeras migraciones externas, hace 500 años, fueron siendo empujados hacia el interior del desierto, donde no había agua y tuvieron que aprender a vivir sin ella. La forma de obtenerla es a través de los fluidos de otros seres vivos capaces de recoger el agua, como hierbas, tubérculos, escarabajos, lagartijas culebras o mamíferos. Por ejemplo, un escarabajo del desierto recoge por la noche en su lomo una cantidad de rocío (el mar está a solo 40 Km.) equivalente al 40 % de su peso que después lleva hasta su boca gracias a unos canales que tiene en su caparazón. O sea que comerse unos cuantos escarabajos proporciona además de alimento, una gran cantidad de agua. Al cazar un mamífero lo primero en consumirse eran los ojos, cargados de humedad, después se bebían la sangre para saciar la sed y después se lo comían o crudo o cocinado lo menos posible para que no perdiera humedad con el fuego. Los bosquimanos vagaban por el desierto en busca de comida y podían pasar días sin que comieran más que algunas lagartijas o escarabajos. Por eso desarrollaron una capacidad enorme de injerir gran cantidad de comida cuando la tenían, hasta 10 Kg. de carne en una sentada (un 20% de su peso corporal). Además en la coronilla no tenían pelo y la piel la tenían 3 veces más gruesa que la piel normal de esa zona para poder aguantar toda la insolación diaria.
Conocían a fondo la naturaleza y la conservaban para poder legarla a sus hijos. Si hacían un fuego, lo hacían con poca leña y a ser posible muerta. Si mataban a un animal para comer, nunca mataban a una madre con crías y en caso de poder elegir, mataban al animal más pequeño que pudiera alimentar a todo el clan.
La arena del desierto guarda gran cantidad de información, lo cual les servía tanto para saber dónde encontrar el sustento diario como para poder deducir qué había pasado en caso de producirse algún hecho violento. Es por lo que, junto con su forma de ver la vida, en su sociedad no existía la criminalidad, ni el adulterio. La arena habla por la impresión de las huellas y deja escrito todo lo acontecido. De hecho, la primera cosa que un niño aprende de pequeño es a identificar la huella de su madre, así nunca se perderá porque siempre será capaz de identificarla entre las demás y seguirla para no quedarse solo. Lo siguiente que aprendía un niño era a identificar qué hierbas son comestibles, cuáles te calman la sed o cuales te provocan diarrea…, así con escarabajos, lagartijas y serpientes, hasta que por fin aprendían a cazar.
Una vez que eran cazadores, estaban preparados para buscarse una mujer y formar una familia. Entonces la tradición decía que tenían que salir a andar días hasta encontrar la mujer adecuada. Esa mujer tenía que tener tres cualidades;
1 Ser como un avestruz para prever el peligro a tiempo y proteger a los niños
2 Ser como un orix para defenderse con agresividad cuando la situación lo requiriese.
3 Ser como una abeja, trabajadora y a la vez de lengua dulce.
Antes de emprender el camino, le pedían a la diosa luna que les ayudara en su búsqueda y lo hacían con danzas (ya que la luna puede ver, pero no puede escuchar). A veces tardaban semanas en volver al clan con la nueva mujer, pero de esta forma evitaban la consanguineidad.
Los bosquimanos cazaban con un pequeño arco y unas flechas impregnadas en un veneno. El alcance de los arcos era sólo como de 5 a 10 metros, era por lo que tenían que acechar a la presa con suma calma durante horas bajo el sol para irse acercando poco a poco, hasta tenerla a tiro. Se escondían detrás de un matorral y si no lo había, lo llevaban consigo y iban escondiendo detrás. Aprovechaban las horas más calientes del día para cazar ya que los animales permanecían bastante inactivos a la sombra de algún matorral o en la parte alta de las dunas, donde corre la brisa. Tenían un increíble control de sí mismos, para permanecer inmóviles e imperceptibles durante horas en el acecho de una presa a 40 grados bajo el sol con moscas, hormigas que MUERDEN, escorpiones y otros bichos que te acosan a ti constantemente.
La vida de los bosquimanos era tan dura que sólo los más fuertes podían continuar. Las personas mayores o los enfermos, se quedaban atrás para morir solos y no entorpecer la marcha del grupo (de esa forma todos morirían). Incluso en los años de peores sequías las madres que no podían seguir al grupo tenían que abandonar al más débil de sus niños sanos. Era la única forma de sobrevivir los años secos, huyendo hacia delante. Cuando abandonaban a alguien a morir, nadie miraba atrás, nadie lloraba y nadie volvía a hablar de esa persona para no propagar la pena. Solamente los más cercanos a la persona perdida se podían sentar por la noche en el lado de la hoguera dónde bate el humo porque todo el mundo sabe el humo en los ojos provoca lágrimas. Nunca mataban a la persona abandonada (para ahorrarle sufrimiento) porque a lo mejor a pocas horas de camino conseguían matar a algún animal y podían volver a alimentarlo y darle una segunda oportunidad. Y si un blanco les preguntaba que cómo eran capaces de abandonar a sus hijos en el desierto; ellos respondían que los blancos nunca habían escuchado el llanto de sus hijos durante días por falta de comida, de agua, o por simple frío, porque la vida en el desierto es mucho más dura de lo que pueda parecer.
En el desierto los días pueden superar los 45 grados y las noches caer hasta los 15, lo cual es bastante frio para no tener con qué protegerse ni bajo qué guarecerse. Por eso los Bosquimanos intentaban llegar a la noche cansados y comidos para dormir bien. Si no habían comido le bailaban danzas a la diosa luna para que les permitiera comer al día siguiente. De esta forma combatían el hambre y el frío. Había que evitar pensar en el frío para no tenerlo, de forma que las noches más frías, después de las danzas se contaban historias para distraer el frío y aguantarlas mejor. Historias como la del mal cazador que desoyó a su padre por un enfado de su mujer. Era un cazador que llevaba tiempo sin traerle a la familia más que algunas lagartijas o escarabajos para comer. Entonces su mujer enfadada le dijo que era un mal cazador y que no era capaz de alimentar a su familia. Él, dolido se fue a buscar alguna presa y se encontró a una orix con sus crías recién nacidas. Entonces justo cuando empezaba a escuchar la voz de su padre, que le enseño a respetar a las madres y a las crías para poder comer en el futuro, se superpuso la voz de su mujer diciéndole que era un mal cazador. Eso le hizo acechar a la orix y cuando la tuvo a tiro fue a cargar el arco y éste crujió. Eso hizo a la orix darse cuenta de la situación y atacar al bosquimano. Pero la luna que lo había presenciado todo, se apiadó del mal cazador e hizo que la orix fallara el derrote dándole así al cazador la oportunidad de escapar. Fue entonces cuando el cazador volvió a ver las cosas con claridad y pensó “¿si la orix llega a matarme quién iba a alimentar a mi familia? y entonces se dio cuenta que nunca debió haber desoído las palabras de su padre.
Lo peor en la historia de los bosquimanos fue cuando llego la última de las migraciones, la blanca. Los confinaron aun más en el desierto de arena, hasta que llego un momento en el que los bosquimanos para defender su territorio y poder sobrevivir empezaron a matar blancos. Los blancos de aquella época los consideraban como animales empezaron a matarlos con armas de fuego como si se tratara de una cacería más que de una guerra. Tanto fue así que se extendió la costumbre de tener un pequeño bosquimano en casa como “animal exótico” por supuesto encadenado al sol. Para ello lo que hacían era buscar una tribu, exterminarlos a todos menos a las mascotas y llevárselas para casa. Ellos en la primera oportunidad que tenían se escapaban y normalmente volvían al desierto a morir. Tanto fue así que en una época posterior incluso se extendían permisos de caza gubernamentales para “cazarlos”. Con estas prácticas diezmaron la población y con el paso del tiempo intentaron escolarizar a los que quedaban. Los bosquimanos nunca llegaron a estar educados para vivir y trabajar en los pueblos y no tuvieron la oportunidad de aprender de la naturaleza como sus padres para poder sobrevivir en ella, así que se convirtieron en mendigos u oportunistas, se mezclaron con otras razas y su estirpe se acabo diluyendo a mediados del siglo XX.
Recomiendo una película que muestra un poco sus habilidades y su forma de ser, “Los dioses deben de estar locos” (la primera parte). Además de ser interesante por el tema de los bosquimanos es muy graciosa.
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domingo, 3 de enero de 2010
EMPEZAMOS OTRA NUEVA ETAPA EN NAMIBIA
Teníamos un montón de ilusión en empezar este tour por África y la seguimos teniendo pero se nos junta con pena de irnos de Sudáfrica. Es un concepto divertido, vamos a recorrer un montón de kilómetros en un camión todo terreno que tiene todo lo necesario para cruzarse África, (hornillo, gas, tiendas de campaña y colchones, etc, excepto cuarto de baño). Como siempre este viaje va a depender un poco de la gente con la que coincidamos.
La primera etapa nos lleva hacia el norte a Namibia. Poco a poco vamos abandonando el África verde para alcanzar el desierto. Namibia antigua colonia alemana es un país con una gran zona desertica al sur (que incluye los desiertos del Namib y del Kalahari) y una zona más de sabana al norte donde hay muchos animales. El primer paisaje del que disfrutamos de Namibia es el cañón del río Fish. Es el segundo cañón más grande del mundo detrás de el del colorado y se parecen bastante uno a otro, siendo este segundo más pequeño. De ahí nos vamos hacia las dunas rojas del Sossuveli; un espectáculo de la naturaleza.
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SUDÁFRICA NOS HA GUSTADO DEMASIADO…
¿Y qué vamos a contar de Sudáfrica que no os hayamos dicho ya? Simplemente nos encanta. Estamos emocionados porque tenemos todos los ingredientes que nos gustan: hay olas, buen clima, animales increíbles, paisajes increibles y todo está muy limpio… ¡Ah! y la gente no intenta timarnos a cada instante. El único pero que se le puede poner es que no es barato (tampoco caro). Este país es muy interesante y lo único que tenemos claro es que ¡¡¡queremos volver!!!
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sábado, 2 de enero de 2010
CIUDAD DEL CABO Y TABLE MOUNTAIN
Ciudad del Cabo es una ciudad grande y moderna. El entorno es insuperable y tiene coronando la ciudad una montaña cuya cima es plana, por ello la llaman “La Montaña Mesa”. Aprovechando que el día estaba bastante claro subimos para disfrutar de las fenomenales vistas que se tienen desde arriba. Para los aficionados al futbol ahí va una foto del estadio donde se jugará la final del Mundial de Fútbol.
Subimos en telecabina pero bajamos andando por un camino de piedras que tiene un desnivel impresionante baja 750 metros en 3 km de recorrido, es la caminata con el perfil más empinado que hemos hecho nunca. La bajada fue de un par de horas e hicimos trabajar a conciencia a nuestras rodillas y tobillos…
Aprovechando que en el avión desde la India a Sudáfrica conocimos a un americano que vive aquí con su novia sudafricana, nos fuimos a cenar con ellos. Nos llevaron a un restaurante típico donde había un grupo tocando y bailando en directo. Comimos carpaccio de cocodrilo y de segundo avestruz, springbok, kudu y cola de cocodrilo. Todo exquisito sobretodo el avestruz. Es súper divertido ver el menú y decidir que animal extraño que nunca antes has probado te puedes comer, lo siguiente va a ser cebra…
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COSTA ATLÁNTICA
El recorrido hacia Cape Town no podía empezar mejor, paramos en una playa surfera (Kommetije) donde Ignacio disfruta mirando las olas. Teníamos curiosidad por ver la Costa Atlántica porque nos sentíamos como un poquito más en casa. Y por supuesto no nos decepcionó, este océano donde tantas veces nos hemos bañado tanto en Cádiz como en Sagres también aquí es muy bonito.
Condujimos por una carretera preciosa pero de mucho vértigo. Si alguien ha estado en Tenerife en El Faro de Teno se imaginará a qué tipo de carretera me refiero. Es preciosa porque está a bastante altura y se puede ir viendo toda la costa. Es una zona donde las montañas llegan hasta la playa y hacen el entorno muy bonito.
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CABO DE BUENA ESPERANZA
El Cabo de Buena Esperanza recibe este nombre a raíz de la primera expedición portuguesa hacia la ruta de las indias capitaneada por Bartolomé Díaz. Al pasar por este cabo sufrieron una gran tormenta de la que tras mucho esfuerzo salieron airosos, doblando el cabo por primera vez y avanzando por fin unos cientos de millas hacia el este en vez de hacia el sur. Los marineros organizaron un motín y dijeron que ya no seguían más, que se volvían a Portugal… el capitán tuvo que acceder y a la vuelta el rey le pidió que le contara lo que había pasado. El capitán le dijo que éste era un cabo muy peligroso y que podían ponerle de nombre “El Cabo de las Tormentas”. El rey respondió que con este nombre no podrían enviar a más expediciones pues la tripulación se asustaría sólo de escuchar el nombre. Es por eso que decidió llamarlo “Cabo de Buena Esperanza” para animar a los marineros.
En esta zona se pueden ver numerosos barcos que han naufragado. Está enclavado en un Parque Natural en el que además de playas bonitas pudimos ver avestruces y babuinos… a los que hay que tener mucho respeto pues son animales que están muy jerarquizados y si les das comida te sitúan automáticamente por debajo en la escala jerárquica y se erigen con el derecho a robarte tu comida, a fastidiarte y en definitiva a darte el día… Cada ejemplar puede pesar de media 30 kilos y tienen unos dientes enormes y afiladísimos…es mejor verlos de lejos sin intentar acercarte demasiado.
Ignacio se hizo amiguillo de esta señora que subió hasta la cima de un mirador a toda pastilla siguiendo a Ignacio porque decía que llevaba un ritmo muy bueno.
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